¿Quién quieres ser durante el COVID-19?

¿Quién quieres ser durante el COVID-19?

Algunos aplausos de las 8, nos los han dedicado al profesorado. ¿Seremos una de esas profesiones que se empiezan a valorar como corresponde con esta crisis del coronavirus? ¿Ha tenido que llegar una pandemia global, el colapso del sistema y el miedo por la supervivencia para visibilizar determinados trabajos? Se ha hecho viral el video de una madre que empieza diciendo: “Tengo un minuto antes de que mi hijo venga a reclamarme….y no puedo más. Y termina diciendo: “Profes, este mensaje es para vosotras/os. Os quiero infinito, os adoro, os valoro. Pocas vacaciones tenéis al año. Antes, ahora y siempre, mi aplauso es para vosotras/os. GRACIAS”.

Y a la vez también se ha viralizado por todos los grupos de whatsapp, sobre todo si tienen profes en los mismos, el siguiente mensaje a las familias:

“No, no estamos mandando más tarea de las que hacemos habitualmente. De hecho estamos mandando muchas menos de lo que hacemos en nuestras clases. Lo que pasa es que ahora las familias se están dando cuenta del esfuerzo y trabajo que es tener un peque o joven durante 4 o 5 horas (una jornada lectiva normal) trabajando, aprendiendo, intentando que ponga interés y haciendo piruetas para que no se aburra. Y se trabaja con más de 30 alumnas/os. QUIZÁ ES EL MOMENTO DE VALORAR EL TRABAJO DOCENTE.”

Pues eso. Queríamos empezar poniendo en valor el esfuerzo que estamos haciendo dándolo todo, adaptando "la tiza" a pantallas, en este momento de "telecole" y "teleinsti". Porque encima, nos consta, hay familias que no paran de quejarse, despotricar o "malmeter". Y es que hay mucha rabia, odio, frustración o intolerancia.

Y si no, fijémonos en la "Gestapo de los balcones" que se ha montado en tiempos de cuarentena. Charlar con la vecina del 4ºB, hacer torrijas a todo el portal, elogiar a quienes están en primera línea con aplausos o bailar a ritmo del Resistiré,...Nuestras ventanas se han convertido en el top, junto a las redes, de los lugares de socialización y apertura al mundo en tiempos de cuarentena.

Peeero también el confinamiento ha traído consigo escenas de abucheos, insultos, lanzamiento de huevos…Personas que viven la situación crítica y la coronofobia canalizando su impotencia, agresividad o malestar de muy malas maneras. Y es que toca controlar las emociones.

En tiempos pandémicos, reconozcámoslo, hay muchos desastres, también alianzas emocionales.

Estamos viviendo en una montaña rusa emocional con extra loop cada día con tanta infoxicación. Nuestras emociones, y la de nuestro alumnado, es impredecible: tendremos a quienes lo están llevando con miedo, o con tristeza, con alegría…o quienes depende del día, se levantan con una u otra emoción. Es normal.

Nos subimos por las paredes de nuestro sistema nervioso. Sensación de descontrol e intoxicación al máximo exponente. Y por qué no decirlo, de una hiperactividad y atosigamiento productivo. Si te acercas al móvil, pc o redes sociales tooodo son propuestas de haz, haz, haz…no dejes de hacer cosas.

¡Que no nos da la vida con tanta programación y propuestas! Podríamos reivindicar un poquito desde nuestra acción docente el derecho a aburrirse. ¡Que ni en pleno encierro parece haber un mínimo de calma a la hora de intentar desconectar un poco!

En fin. Volvamos a las emociones de nuestro alumnado. Están quienes lo están pasando con ansiedad por el miedo. El miedo es una emoción que surge ante cualquier estímulo de amenaza. ¿Pandemia global computa como amenaza? Pues sí. Por lo tanto, es lógica. Normalicemos. Y detectemos a quienes han entrado en bucle catastrofista, vaticinando lo peor, aislándose y sufriendo estrés y ansiedad.

Algunos inputs que les puedes dar como profe:

- Establece el “Rato de preocuparse”. Dedícale un momento diario que decidas a tus preocupaciones ¡peeero solo ese rato! Después ya no las dejes acaparar tu tiempo.

- Mantén una rutina pero sin agobios, incluyendo siempre también cosas que te animen (Zoom con colegas, Netflix, deporte, scape room virtual, sacar al perro 10veces…).

- Evita la sobreinformación y pasa de la curva bulera y tantainfoxicación.

- Y si sientes mucha ansiedad:Respira.Sí,sí lo de los ejercicios derespiración diafragmática funciona ¡lleva el aire a la barriga! Visualiza lugares que te calmen. Medita.

También podemos tener alumnado que no solo no tiene ansiedad, sino que se ha pasado de frenada. Si anulamos por completo el miedo, tenemos comportamientos imprudentes. Véase: noticias sobre jóvenes a quienes han pillado de botellón.

El punto perfecto, que buscaremos en nuestras clases virtuales, será aceptar los pensamientos negativos sin negarlos, aceptar la incertidumbre y buscar espacios de seguridad. Pero vaya, que fácil no es. Que por muchas emociones positivas que busquemos como válvula de escape en este maremágnum de emociones contrapuestas que nos atraviesan estando de encierro, estamos que ni nos aguantamos, porque hemos subido el ruido de intensidad emocional a máximo volumen.

Todo esto de las emociones tiene mucho que ver con la actitud ante el confinamiento. Podemos proponer a nuestro alumnado que se hagan la siguiente pregunta:

¿Quién quiero ser yo durante la pandemia?

Y hablarles de cuatro zonas, para empezar el debate y la reflexión:

La zona de la responsabilidad: Con todo lo que está pasando ¿tengo comportamientos irresponsables, negligentes con lo que nos están pidiendo? Porque sabemos que hay gente que no lo está haciendo bien. ¿Tú sí?

La zona del miedo: Viviendo diariamente reenviando mensajes catastrofistas, conspiratorios o con información no contrastada con un único afán ventilatorio. ¿Recuerdan el momento papel higiénico? A mediados-finales de marzo, esta zona de miedo o primera fase de negación se instauró en nuestras vidas. Aquí predomina la queja constante, el irritarse fácilmente o la acción de reenviar tooodo lo que nos llega de forma compulsiva.

La zona del aprendizaje: Una zona de aprendizaje que pasa por dejar de consumir compulsivamente lo que nos hace daño, desde alimentos hasta noticias. Además, en este proceso, el ser humano tiende a soltar lo que no puede controlar y empieza a identificar cada una de las emociones que siente. La postura se vuelve proactiva tomando conciencia de la situación y estableciendo conductas sobre cómo actuar ante ciertos problemas y circunstancias. Los bulos han dejado, casi, de aflorar, en gran parte porque ahora cada individuo contrasta la información antes de divulgarla. Todo ello enfocado a la certeza de que estamos tratando de hacer y dar lo mejor de nosotras y nosotros. Esta zona de aprendizaje pasa por dejar de consumir compulsivamente lo que nos hace daño, desde alimentos hasta noticias.

La zona del crecimiento y el desarrollo personal. El escalón definitivo en el que te empiezas a hacer preguntas de las de siempre, de la vida: ¿Quién soy? ¿A dónde voy? ¿Me gustaba mi vida pre-covid19? Las que tienen que ver con la búsqueda de propósito, de sentido, las que tienen que ver con aprender a mirar el mundo no desde el ombligo propio sino desde los zapatos del resto, es la zona en la que queremos ser útiles, en la que nos queremos “encontrar”….así en plan los mundos de Yupi ¡pero es verdad! Se te abren las ventanas del balcón al buen rollo, a la esperanza de mejorar…al cambio positivo.

A querer FLUIR con la vida… e IN-Fluir en que la vida, la tuya y la del resto del planeta, sea mejor.

¿Sabes en qué zona quieres estar?

Esta pregunta nos puede servir para que nuestro alumnado reflexione sobre su propio posicionamiento personal ante ésta y otras situaciones. Más preguntas útiles: ¿Para qué crees que ocurrió todo esto? ¿Para nada? ¿Porque sí? ¿Para cambiar? ¿Para salvar al planeta?

 

Podemos aprovechar para reflexionar y retomar el tema de cómo miles de jóvenes se habían organizado mundialmente antes de esta crisis para hablarnos de otra crisis o emergencia, la climática, que realmente está poniendo en peligro, de más calado e irreversible que el Covid19, nuestras vidas.

Es curioso cómo ahora, es la gente joven y peques quienes se quedan en casa por un virus que parece que en principio no les afecta especialmente, para proteger a toda una generación especialmente vulnerable: sus abuelas, abuelos. Nuestros mayores.

Pues pensemos que ese clamor juvenil pre- coronavirus que nos interpelaba a las y los mayores ante la emergencia climática, era justo lo mismo. Petición de solidaridad intergeneracional. Esas, esos “jóvenes por el clima” son quienes van a heredar este planeta.

La gente más mayor no vamos a tener que vivir por mucho tiempo en el mundo en llamas que les estamos dejando. Y con esta pandemia hemos visto que sí, que si nos lo creemos, que si hay voluntad política, social y ganas, sí se puede salvar el planeta. Que se han caído las justificaciones que daban diciendo que era imposible un cambio radical. ¡Busquemos los datos de cómo por fin la Tierra respira un poco sin contaminación!

Por último, otra gran pregunta para llevar a la reflexión personal a nuestro alumnado:

¿Te has preparado para el cambio que viene?

“Porque nada volverá a ser como antes. El coronavirus supone un antes y un después. El mundo va a cambiar. Va a cambiar radicalmente. Fin de época. Punto de inflexión. Se avecina un nuevo tiempo con nuevas reglas. Nada será igual. Adiós al mundo tal como lo conocíamos. Te damos la bienvenida al futuro.” (Isaac Rosa)

Venga, con sinceridad. Volvamos a las emociones. ¿Qué sentís al leer el párrafo anterior? ¿Ilusión o miedo? ¿Os ilusionáis, repetís las frases en voz alta, las compartís en vuestros grupos de whatsapp y salís al balcón para mirar el horizonte? ¿O más bien os echáis

a temblar, os escondéis bajo la cama mirando compulsivamente en vuestros Instagram fotos antiguas (fotos de hace dos semanas)? ¿Queréis que el mundo se dé la vuelta cual calcetín, o daríais lo que fuera por regresar tal cual a la vida pre-estado de alarma? ¿Quizás las dos cosas?

Está el diablillo negativo que aparece en el hombro y nos susurra que no, que nada va a cambiar. O no tanto como esperamos. Que seguimos incluso de confinamiento haciendo lo mismo, pero en digital. Que nuestras vidas de cuarentena ya están sobre-programadas como lo estaban nuestras vidas normales. Que no vamos a aprender de esto lo que deberíamos y que incluso habrá un efecto rebote. O sea, que volveremos con “más hambre” aun a las mismas prácticas que nos llevaron a esto. Que nos querremos zampar de golpe todo lo que nos estamos perdiendo (y más) en este tiempo de abstinencia forzada. Solo hay que ver la cantidad de cursos, eventos mogollónicos, fiestas… que se han trasladado (no cancelado) a septiembre ¡¡pero si vamos a celebrar semana santa, fallas, mundiales, y todo junto!! Es decir, más hiperactividad concentrada.

Haremos películas, canciones, memes, nos reiremos de todo esto, pero volveremos a las andadas.

Luego está el diablillo o angelote optimista que susurra al oído que no, que nada volverá a ser igual porque nosotras no vamos a ser las mismas personas que antes, esta experiencia nos va a transformar, nos cambia prioridades y necesidades, nos rehumaniza, genera formas de comunidad y apoyo mutuo, nos hace pensar en el modelo del decrecimiento, y nos permite aquello que hace dos semanas era inimaginable: parar, detener la máquina, paso previo para reprogramarla.

Para animar a éste más optimista te ofrecemos un último recurso para reflexionar en clase:

Cuestionario para motivar al cambio-reflexión:

1.- ¿QUÉ hábitos y prácticas personales estás viendo ahora que deberías abandonar o cambiar cuando salgamos de esta crisis?

2.- ¿POR QUÉ crees que esos hábitos y prácticas personales son superfluas o inconvenientes para tu bienestar individual y el colectivo hasta el punto de que debas abandonarlas?

3.- ¿QUÉ nuevos hábitos o prácticas personales estás descubriendo que te hacen bien a ti y a los demás, y que deberías incorporar a tu vida de manera permanente cuando salgamos de esta crisis?

4.- ¿CÓMO piensas convertir esos aprendizajes y propósitos de cambio, que la crisis te está revelando, en hábitos auténticos y permanentes?

En fin, que seguro vamos a aprender y desaprender cosas, aunque seguramente menos de las que nos gustaría. Hasta entonces, ánimo y mucho amor y humor en tu labor educativa…sin tiza y a distancia.

Publicado en Abril 2020

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